Sin duda, la tradición
popular se enriquece en la medida que estos cantores del pueblo alargan su voz
con sus poemas, que pareciera los sacaran de una bolsa, pues siempre, como si
fueran «médicos chinos», están dispuestos a sacar provecho —y no económico— de
cualquier suceso. Tal es el caso que les dejo un ejemplo muy singular, garantía
de aprobada poetisa, y donde se persigue con picardía la risa:
a Calimete llegó;
y el Alcalde le cobró
de multa siete pesetas.
Y un sapo que era poeta
dijo: «esto pasa aquí na' má'
en estos pueblos chucheros,
yo en La Habana anduve encuero
y nadie me dijo ná'».
y nadie me dijo ná'».
¡Ah!, ya lo sabe, nada de andar en camiseta ni mucho menos encuero.